LA PRODUCCION DEL DISCURSO Y LA CONVERSACION 2
Ni tan siquiera, bajo el supuesto de que ciertas unidades individuales del discurso (ej. las anáforas) sólo pueden ser entendidas en el marco de tales relaciones. La textualidad requiere la referencia a las condiciones semánticas o pragmáticas y también conceptuales que hacen a las distintas partes del discurso mutuamente relevantes entre sí en el marco de un contexto comunicativo intencional y cooperativo; requiere, en definitiva, el recurso a un plano de descripción más abstracto y menos lingüstico que el de la cohesión. A dicho plano, en términos generales, se le identifica técnicamente con el llamado pla-no de la coherencia. Ejemplos de vínculos de cohesión y sus principales categorías Categoría Subcategoría Ejemplo Referencia 1 Pronominal Nos encontramos con Luis y cenamos con el 2 Demostrativa Fuimos a una fiesta y... bueno, aquello fue una locura. 3 Comparativa Se me acercaron tres tipos extraños El más bajo me preguntó si llevaba fuego Elipsis 1 Nominal Tiene mucha energía. Desde luego, tiene mucha mas que yo 2 Verbal Querría quedarme aquí toda la vida, *dejar de trabajar, *dejar de aguantar al jefe 3 De cláusula ¿Conoces Boston? Yo no, pero mi hermana si * Conjunción 1 Aditiva Leí un libro la semana pasada y me gusto bastante 2 Adversativa Querían ir a Barcelona pero el avión no pudo aterrizar 3 Causal No vino porque prefirió ir al cine 4 Temporal Estuve un rato con Alicia, luego me fui al Rastro Léxica 1 Igual raíz Mi hermano necesita independizarse. Depende mucho de mi pa-dre, 2 Sinónimo Siempre miente, además se cree que no nos damos cuenta de que nos engaña 3 Superordinario Me encanta el pescado fresco. El otro día me comí un salmón extraordinario 4 Item general Se fue la luz. La lampara de mi habitación chisporroteó un mo-mento y después todo se volvió oscuro 5.B.La coherencia de los discursos 5.B.1. Coherencia local o secuencial El concepto de coherencia puede identificarse en primer lugar con la existencia de cier-tas relaciones locales entre las proposiciones individuales constituyentes de un discurso Sin em-bargo, la naturaleza de estas relaciones tampoco cuenta con una definición unívoca. Por ejemplo, la interpretación local de la coherencia en los diálogos se ha vinculado al hecho de que las con-tribuciones de los hablantes a las conversaciones están organizadas en pares adyacentes de ac-tos dé habla que revelan la existencia de relaciones pragmáticas entre las unidades del discurso derivadas de su contenido ilocutivo, como las que se recogen acto seguido: 1) Saludo-saludo. A: Hola. B: Hola, (2) Pregunta-respuesta. A: ¿Dónde está Juan? B: En clase. 3 Afirmación-reconocintiento A: Diego no se acordó de mi cumpleaños. B: Vaya despiste! (4) Petición aceptación /rechazo A: ¿Puedes echar esta carta al buzón? B Claro/Estoy muy ocupado. (5) Oferta -aceptación/rechazo A: Dejamé ayudarte. B: Gracias/No hace falta. La noción de par adyacente fue originalmente propuesta por etnometodólogos para dar cuenta de la observación empírica de que ciertas intervenciones de los hablantes parecen ser contingentes respecto a las intervenciones inmediatamente precedentes y pueden ser predichas en buena medida a partir de ellas Sin embargo, algunos otros autores han sugerido la convenien-cia de reformular la propuesta de los etnometodólogos y de sustituir el concepto de «par adyacen-te» por el concepto, algo más amplio, de intercambio comunicativo». Los intercambios comunicativos, a diferencia de los pares adyacentes, constan prototipi-camente de dos movimientos: uno de inicio y otro de respuesta. Los inicios son siempre prospecti-vos y permiten establecer predicciones acerca de los tipos de respuesta posibles; las «respues-tas»: son siempre retrospectivas, en el sentido de que realizan las predicciones derivadas de un movimiento de inicio anterior, aunque ocasionalmente pueden implicar también un inicio. En opinión de Edmondson (1981)>, los movimientos de respuesta constituyen mecanis-mos de coherencia en las conversaciones en tanto en cuanto satisfacen las condiciones perlocu-tivas de los inicios. En este sentido, cabría interpretar que las contribuciones de los hablantes a las conversaciones se rigen, en buena medida, por una especie dé principio de búsqueda de sa-tisfacción perlocutiva Otros, autores han sugerido que el concepto de coherencia local debe expresar esen-cialmente la continuidad semántica que existe entre las emisiones que compone un discurso y no tanto su dependencia pragmática. Tal continuidad semántica, que en la tradición de la lingüstica funcional centroeuropea se ha identificado con la llamada «progresión temática» de las oraciones del texto se ha asociado en ocasiones con la repetición de ciertos elementos léxicos o referencia-les individuales; pero sobre todo con la conexión semántica entre proposiciones mas o menos contiguas Para Hobbs, esta propiedad de los textos se deriva de la existencia de ciertos tipos de relaciones entre cada proposición del discurso y las proposiciones inmediatamente precedentes y/o posteriores (ej. la relación de elaboración especificación, generalización, etc.)> ver cuadro 14.11. Estas relaciones, que computacionalmente tienen un carácter binario constituyen un conjunto finito de posibilidades de las que el hablante puede hacer uso para pasar de un enun-ciado a otro mientras elabora textos complejos. La planificación y realización de un discurso coherente, por tanto, comportaría, según Hobbs, la toma de decisión por el hablante acerca del tipo de relación concreta que va a utilizar para conectar unos enunciados con otros e irá regida por lo que podríamos llamar un principio de búsqueda de coherencia proposicional lineal. 1. De tipo condicional/temporal: a) De Causas/razones. b) Componentes de la acción. c) Permisión. d) Sucesión en el tiempo. e) Ocurrencia simultánea. 2. De tipo funcional: a) Especificación. b) Generalización. c) Explicación. d) Contraste. e) Ejemplo.> f) Paralelismo. g) Corrección.. h) Preparación. i,) Evaluación. Cuadro 14.11.Relaciones básicas de coherencia lineal entre proposiciones, según Hobbs (1979, 1983). 5:B.2.) Coherencia global Las tipologías de índices de cohesión de secuencias de actos de habla o de relaciones proposicionales en el discurso pueden considerarse, como ejemplos representativos de interpre-taciones centradas en la coherencia local de los discursos. Sin embargo, estas relaciones no ga-rantizan completamente, por si mismas, ni la textualidad ni la interpretabilidad de éstos. De ahí que sea necesario apelar a principios y categorías todavía más abstractos que permitan dar cuen-ta tanto de la coherencia global de los discursos como de la capacidad de los hablantes para ge-nerarlos. Una interpretación recurrente en los análisis de la coherencia global gira, en torno a la noción de tópico o tema general del discurso. Desde un enfoque referencial, los tópicos se interpretan comno unidades semánticas rela-tivamente abstractas que se infieren del hecho de que distintos enunciados del discurso compar-ten referentes similares, es decir, «dicen algo» o determinan que se diga algo acerca de unos mismos objetos, entidades o actividades. Por contraposición, y desde una perspectiva proposici-nal, los tópicos se interpretan como proposiciones también generales y abstractas que contienen el centro o centros de interés del hablante o el «común denominador que permite describir una situación o una secuencia de hechos como un todo» En el sentido en que los interpreta Van Dijk, los tópicos o macroproposiciones de los dis-cursos serían unidades equivalentes a los resúmenes de la macroestructura semántica de los tex-tos (equivalentes, en cierto sentido, al «título»). Así, la producción de un discurso coherente se interpretaría como un proceso que exige al hablante las siguientes operaciones: a) la definición de un acto de habla global (la definición del contenido pragmático del discurso); b) la elaboración de la macroproposición que define los contenidos semánticos generales del acto de habla global, y que se establecen a partir de lo que el hablante conoce, quiere, re-cuerda e interpreta como relevante en un contexto. c) la construcción, a partir de esta macroproposicion de una jerarquía de tópicos más específicos que eventualmente constituirán el input de la planificación de unidades menores tales como los.. párrafos o las oraciones individuales (ver figura pagina siguiente). FASES PROCESOS Y TIPOS DE REPRESENTACIÓN COMPONENETES DEL PROCESAMIENTO PROGRESAMIENTO PRAGMÁTICO FASES INICIALES (PLANIFICACIÓN DEL DISCURSO) PROCESAMIENTO SEMÁTNCIO PROCESAMIENTO SINTÁCTICO PROCESAMIENTO MOFO-LÉXICO CODIFICACIÓN LINGÜÍSTICA DE LA ORACIÓN PROCESAMIENTO FONOLÓGICO PRODUCCIÓN PLAN MOTOR DEL HABLA Rachel Reichman (1978) ha propuesto también una interpretación de la coherencia gobal de los textos basada en la noción de tópico que es aplicable al análisis de los discursos dialógi-cos. Interpretó que los tópicos pueden verse como unidades semánticas abstractas que se des-arrollan a través de una serie de «espacios de contexto», cada uno de los cuales agrupa aquellas emisiones o turnos de habla que tratan sobre un mismo objeto o evento. La organización estructu-ral de los discursos coherentes, así como su realización por los hablantes, podría pues caracteri-zarse, para esta autora, definiendo los tipos dé relaciones lógicas que vinculan a unos espacios de contexto con los otros, en orden al desarrollo de un tópico general. Reichman pone el acento en la distinción entre tema y eventos dos conceptos que permiten clasificar los espacios de contexto en función de su contenido: dicho contenido seria general, en el caso de los «temas», y más específico, puesto que ilustra un evento relacionado con un tema, en el caso de los «eventos». La coherencia de los discursos vendría dada, según esta teoría, por el hecho de que las contribuciones de los hablantes giran en torno a un mismo tópico, el cual se realiza a través de sucesivos espacios de contexto relacionados entre sí. Algu-nas de estas relaciones (ej. la de «generalización», que se da cuando un espacio-contexto del tipo «evento» es seguido por uno del tipo «tema», o la «relación ilustrativa», cuando la secuencia ocurre en sentido inverso) guardan cierta semejanza con las definidas por Hobbs para la relación entre proposiciones individuales. Reichman (1978), a partir del análisis de conversaciones naturales, identificó también un conjunto de indicadores lingüsticos a través de los cuales los hablantes suelen «marcar» las transiciones de un espacio de contexto a otro (ej. la expresión «por cierto», indica el inicio de una digresión; «en cualquier caso», indica el fin de la digresión y la vuelta a un tema o evento previo; «entonces» puede indicar el fin próximo de un tópico, etc Planalp y Tracy (1980), partiendo del trabajo anterior de Rechman, tras preguntarse por las condiciones en que los hablantes pueden cambiar de tópico sin romper la coherencia de los discursos, trataron de dar una explicación cognitiva al hecho de que tales cambios parecen estar sujetos también a reglas. Comprobaron empíricamente que los hablantes son capaces de identifi-car con relativa claridad los límites de los tópicos en los discursos a pesar de que en las conver-saciones suelen entrecruzarse varios temas, y también se comprobó que son igualmente capaces de reconocer cuándo los cambios de tópico son «ilegales» y cuándo rompen la coherencia del discurso También, en un segundo momento de su investigación, Planalp y Tracy (1980) elabora-ron una tipología de estrategias de cambio de tópico a partir del supuesto de que tales transicio-nes s rigen por principios similares a los descritos por Grice (1975) en su máxima de relevan-cia» y por Clark y Haviland (1977) en su contrato de lo nuevo y lo dado. De esta se concluyó que los hablantes cambian el tópico del discurso (sin romper por ello su coherencia global) cada vez que consideran que es necesario para ajustarse a las necesidades informativas de sus inter-locutores. En concreto, se cambia el tópico del discurso en los cuatro siguientes casos: a) para introducir un tópico nuevo que se interpreta como relevante para el tópico inmediatamen-te anterior de la conversación (lo que llaman cambio de tópico inmediato). b) para introducir un tópico que se interpreta como relevante para alguno de los tópicos aborda-dos en un momento de la conversación anterior (cambio de tópico previo); c) para introducir un tópico que se interpreta como relevante respecto a la información que los interlocutores comparten y que puede ser recuperada a partir del contexto físico o social de la situación comunicativa («cambio de tópico ambiental»), o d) cuando interpretan que el nuevo tópico puede guardar relación y ser integrado en los esque-mas de conocimiento previos de sus interlocutores (cambio de tópico no especificado). 5.B.3 La coherencia como relevancia A partir del trabajo de Planalp y Tracy (1980), y el de Reichman (1978), puede decirse, que los textos sono no son coherentes en la medida en que los enunciados que los compon pue-dan integrarse en una estructura de conocimiento o de acción previa y mas global: ya se defina esta como una macroestructura (Van Dijk, 1977, 1980), como un «modelo mental del discurso (Johnson-Laird,1986) o como un «acto de. habla global» (Van Dijk 1980). Los discursos y conver-saciones serán, por tanto, coherentes en la medida en que sean «interpretables». Un texto coherente implica, por parte del oyente, la posibilidad de relacionar el contenido proposicional de los enunciados del discurso con un conjunto de proposiciones (emitidas o implí-citas) y de presuposiciones que a) se conocen previa mente b) pueden ser recuperadas de la memoria en el punto exacto en el que la conversación lo re-quiere, y c) resultan relevantes para la interpretación del significado de los enunciados. Simétricamente, por parte del hablante, la coherencia presupondrá la capacidad de esta-blecer un modelo mental con realidad psicológica también para oyente (un conocimiento común mínimo e inicial) y la elaboración de enunciados sucesivos relevantes (que produzcan efectos sobre la estructura de conocimiento previa) para este modelo mental. En ambos casos, el proce-samiento de los discursos parecería regirse por un principio de búsqueda de relevancia (Sperber y Wilson, 1986 1987) que implica la realización eficaz de operaciones inferenciales sobre el estado de conocimientos previos del interlocutor relativamente complejas. Estas operaciones o mecanis-mos inferenciales, según Riviere (1.991), son esencialmente de tipo deductivo, presumiblemente idénticas a los que participan en otras formas de actividad inteligente La interpretación pragmática que identifica la coherencia de los textos con la relevancia en un contexto cognitivo y comunicativo dado, ha sido desarrollada explícitamente por Spelber y Wilson en 1986, en su principio de búsqueda de relevancia, que toma su nombre una de las máximas de Grice, destaca que la actividad comunicativa humana se rige esencialmente por crite-rios de economía cognitiva, lo que determina que el hablante intente producir la máxima relevan-cia con el mínimo esfuerzo cognitivo, y destaca también la estrecha dependencia existente entre los procesos implicados en la producción de los discursos y otros procesos cognitivos de carácter «central», como los mecanismos inferenciales que subyacen a toda forma de razonamiento o el esfuerzo atencional. Por otro lado, la teoría de Sperber y Wilson destaca la naturaleza primaria-mente conversacional y metarrepresentacional de la actividad discursiva y la dificultad de esta-blecer una barrera tajante entre los procesos responsables de su producción (por el hablante) y de su comprensión (tanto por e oyente como por el propio hablante). Harry Stack Sullivan, un autor de orientación dinámica propuso, en la década de los años veinte, una hipótesis que denominó hipótesis del auditor fantástico próxima en algunos pun-tos a la que da contenido al trabajo de Sperber y Wilson. Según la hipótesis de Sullivan, todo dis-curso implica, para el hablante la realización de un proceso de autocomposición que lleva con-sigo la puesta a prueba de la utilidad informativa potencial de sus mensajes a través del contraste de los mensajes planificados y todavía no emitidos con un oyente supuesto o interlocutor ima-ginario que representa las necesidades informativas del interlocutor real En la medida en que el modelo de «interlocutor fantástico» simule adecuadamente al «interlocutor real», el mensaje será comunicativamente eficaz. En la medida en que existan discrepancias entre ambas representa-ciones, se producirán fallos de coherencia y de interpretabilidad de los mensajes. La hipótesis del «auditor fantástico», aplicada al ámbito de la comunicación humana y específi-camente, al ámbito de la explicación de las habilidades de comunicación referencial, permite esta-blecer predicciones empíricas similares a las derivadas del «principio de relevancia» de Sperber y Wilsónn (1986) y dar cuenta de buena parte de las observaciones recogidas en el ámbito de la investigación experimental sobre comunicación referencial tanto con sujetos normales como con distintas patologías del lenguaje 5.B. 4. La naturaleza esquemática de los discursos: Noción de superestructura Como ha observado Van Dijk en numerosas ocasiones (ej. 1978, 1980) nociones como las de tópico o macroestructura, con ser esenciales para dar cuenta de la textualidad y coheren-cia de los discursos, resultan por sí mismas insuficientes en una caracterización de su coherencia global (especialmente cuando los textos son planificados y ejecutados por un solo hablante, caso de los monólogos y de los textos escritos). ¿Por qué? Porque, con cierta frecuencia, los textos poseen un carácter esquemático, convencional y fijo, que es independiente de su contenido se-mántico, es decir, poseen regularidades estructurales que permiten diferenciar distintos tipos de «formatos», así, las narraciones o historias, los discursos procedimentales o las narraciones de cómo hacer algo, los textos expositivos o ensayos, los textos exhortativos o sermones, y otros. A las estructuras que identifican los tipos o formatos globales de discurso se las llama superestructuras. Las superestructuras son, en este sentido, representaciones abstractas de la organización del contenido de los discursos que se fijan culturalmente y que, en cierta forma, or-ganizan el significado global (macróproposicional) de los textos (Van Dijk, 1980) Desde el punto de vista del oyente, las superestructuras, que están estrechamente vinculadas a otras unidades de representación esquemática de las acciones e interacciones sociales como los marcos o los guiones, proporcionan una base de conocimiento relativamente invariable en condiciones norma-les que facilita la realización de inferencias causales tanto «hacia delante» como «hacia atrás» y tanto durante la comprensión de textos orales como escritos. Desde el punto de vista del hablante las superestructuras determinan jerárquicamente algunas de las decisiones iniciales de la planifi-cación de sus discursos: por ejemplo influyen sobre la selección de las unidades temáticas cen-trales del discurso (los tópicos) y sobre la ordenación lineal y jerárquica de los subtópicos en el texto. El respeto al orden cronológico de los acontecimientos en las narraciones, la presentación lógica de los argumentos en los discursos expositivos y procedimentales, etc., constituyen, así, mecanismos de coherencia no ligados al contenido semántico ni a la relevancia pragmática de los discursos, pero también importantes en tanto en cuanto conectan a los discursos con formas ge-nerales y esquemáticas de representación del conocimiento, que facilitan a los oyentes la cons-trucción de inferencias y expectativas y, consiguientemente, la comprensión e interpretación de los discursos. Al mismo tiempo, condicionan decisiones del hablante, durante la producción, que posteriormente se reflejan en la propia organización superficial de los textos y en algunas de sus marcas lingüsticas La estrecha conexión existente entre las superestructuras y otras formas o unidades es-quemáticas de representación del conocimiento en la memoria no permite interpretar, sin embar-go, que los procesos psicolingüsticos responsables de la producción y la comprensión de los dis-cursos son meros reflejos de los procesos centrales y que, por tanto, su caracterización nada aporta a la caracterización científica de estos últimos. Dubitsky y Harris (1980), han demostrado que los formatos textuales,( las superestructuras) transportan por sí mismos contenidos ilocutivos que pueden influir y modificar la comprensión y los recuerdos de los textos (su interpretabilidad, en un sentido amplio. Para poner a prueba su hipótesis, estos autores presentaron una misma información en textos que se ajustaban a cuatro formatos discursivos distintos: una narración, una descripción, un anuncio publicitario y una conversación. Tras pedir a sus sujetos que realizaran una tarea de recuerdo y otra de «juicios» sobre la información presentada, observaron que el nú-mero de unidades informativas recordadas y la «actitud» o valoración de los sujetos hacia ciertos aspectos de la información presentada, o hacia la dificultad de los textos mismos, variaba signifi-cativamente de unos textos a otros (ej. los contenidos factuales se recordaban peor cuando se presentaban en forma de anuncio que en formatos dé descripción o narración), sin embargo, la comprensión de estos últimos se valoraba como más difícil que la de los anuncios o conversacio-nes). Los resultados obtenidos por Dubitsky y Harris, si bien no deben ser considerados como concluyentes, pues no ha sido replicado el estudio, ilustran la idea de que algunas de las repre-sentaciones de orden superior que permiten dar cuenta de la organización formal de los textos constituyen, como ha sugerido Van Dijk (1980), «ejemplos prototípicos del conocimiento organi-zado en esquemas de los usuarios del lenguaje». Por otro lado, abren la puerta a la intrigante posibilidad que la naturaleza intrínsecamente conversacional de los discursos (operativizada me-diante variables pragmáticas como la de «fuerza ilocutiva global del discurso») imponga peculia-ridades estructural y/o funcionales a estas representaciones y, por extensión, tengan implicacio-nes para la caracterización de la propia organización funcional del sistema cognitivo. Sin duda, la posibilidad de identificar el dominio cognitivo pragmático discursivo con propiedades computacio-nales diferenciadas tanto respecto al dominio lingüstico como a otros dominios cognitivos más generales (ej. de solución de problemas o de razonamiento) está en el trasfondo de la propuesta de Van Dijk (1980) cuando define un tipo de unidades, a las que también llama «macroestructu-ras» como unidades de representación comunes a ciertos tipos de actividades cognitivas comple-jas (concretamente, el discurso y otras formas de interacción) pero diferenciables de representa-ciones o procesos más generales como los implicados en la utilización de guiones y marcos. Sin duda, la sugerencia es todavía demasiado especulativa
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