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LAS NUEVE REVELACIONES

LAS NUEVE REVELACIONES 1ª REVELACIÓN:Una masa crítica

Esta revelación, inconscientemente al principio, siempre emerge como una profunda sensación de desasosiego. Empezamos a vislumbrar un género alternativo de experiencia, momentos de nuestras vidas que de algún modo nos parecen más intensos, más inspiradores. No sabemos qué experiencia es ni cómo hacerla durar, y cuando termina nos deja un sentimiento de insatisfacción y de inquietud ante una vida que vuelve a parecernos normal. Estamos al fin adquiriendo conciencia de qué es lo que realmente buscamos, de qué es de verdad esa otra experiencia satisfactoria. Cuando lo captemos plenamente habremos llegado a la primera revelación. La primera revelación ocurre cuando tomamos conciencia de las coincidencias que se dan en nuestras vidas. Tales coincidencias se producen cada vez con más frecuencia, y cuando ello ocurre tenemos la sensación de que son cosas situadas más allá de lo que podría considerarse mera casualidad; entendemos que son los elementos del destino, como si nuestras vidas hubieran sido guiadas por una fuerza inexplicable. La experiencia produce una impresión de misterio y excitación, y, como resultado, nos sentimos más vivos. El número de personas que son conscientes de tales coincidencias comienza a crecer espectacularmente en la sexta década del siglo veinte. Este crecimiento seguirá en alza hasta una fecha próxima al inicio del siglo siguiente, momentos en q estos individuos alcanzarán un nivel específico, una densidad demográfica como lo que los físicos llaman masa crítica. Una vez alcanzado este punto, las culturas comenzarán a tomarse en serio las experiencias coincidentes. Todos se preguntarán simultáneamente qué misterioso proceso se desarrolla en este planeta debajo de la vida humana. Será esta pregunta formulada al mismo tiempo por un número suficiente de personas, la que permitirá que las demás revelaciones lleguen también a las conciencias. 2ª REVELACIÓN: Un ahora más amplio La historia no es sólo la evolución de la tecnología, también es la evolución del pensamiento. A través de la comprensión de la realidad de las personas que nos precedieron, nosotros podemos saber porqué miramos al mundo de la forma en la que lo hacemos, y cuál es nuestra contribución al futuro progreso. Podemos fijar con precisión el momento en que entramos en el desarrollo, a más amplia escala, de la civilización, y esto nos proporciona cierta idea de hacia dónde nos encaminamos. La segunda revelación sitúa nuestra percepción actual en una perspectiva histórica más dilatada. En la conclusión del segundo milenio seremos capaces de ver este periodo de la historia en su conjunto, e identificaremos una particular preocupación que se ha desarrollado durante la última mitad del milenio, en lo que ha sido llamado Edad Moderna. La percepción que hoy tenemos de esas coincidencias representa una especie de despertar del sueño que supone aquella preocupación. Para entenderla visualizaremos lo siguiente: Imagínese a sí mismo viviendo en el año mil, en lo que hemos llamado Edad Media. La primera cosa que debe usted comprender es que la realidad de la época la definen los poderosos clérigos de la iglesia cristiana. Gracias a su posición, aquellos hombres tienen una gran influencia sobre la mente del pueblo llano. Y el mundo que aquellos hombres describen como mundo real es, por encima de todo, espiritual. Generan una realidad que coloca su concepción de los planes de Dios para toda la humanidad en el centro mismo de la vida. >> Visualice esto: Usted pertenece a la clase social de su padre, es básicamente un campesino o aristócrata, y sabe que seguirá confinado para siempre en dicha clase social. Pero independientemente de la clase a la que pertenezca o del trabajo que realice, pronto se dará cuenta que su posición social es secundaria ante la realidad espiritual de la vida tal y como la conciben los eclesiásticos. >> La vida, descubre usted, consiste en pasar una prueba espiritual. Los eclesiásticos explican que Dios ha situado a la humanidad en el centro de su universo, rodeado por la totalidad del cosmos, con un único y exclusivo propósito: ganar o perder la salvación. Y en esa prueba debe usted elegir entre dos fuerzas contrapuestas: la fuerza de Dios y las insidiosas tentaciones del demonio. >> Pero observe que no se lanza sólo al combate. De hecho, como simple individuo no está usted cualificado para determinar su condición a este respecto. Ésta es la jurisdicción de los eclesiásticos: ellos están ahí para interpretar las Escrituras y señalar cada paso de su camino, según esté en concordancia con Dios o le esté embaucando Satanás. Si sigue sus instrucciones, tiene asegurada la recompensa de la otra vida más allá de la muerte. Pero si fracasa en mantener el rumbo que le han trazado, bien, entonces ahí están la excomunión y la condena segura a los castigos del infierno. El hecho crucial que hay que entender aquí es que cada aspecto del mundo medieval está definido en términos que no son de este mundo. Todos los fenómenos de la vida, desde una tormenta a un terremoto, hasta la cosecha que se recoge a plena satisfacción o la muerte de un ser querido, son definidos bien como fruto de la voluntad de Dios, o bien de la malignidad del diablo. No existen los conceptos de clima, ni de fuerzas geológicas, ni de horticultura, ni de enfermedad. Todo esto vendrá después. Por el momento, usted cree a pies juntillas a los eclesiásticos: usted da por hecho que el mundo funciona exclusivamente por medios espirituales. Imagine ahora que esa realidad que visualiza empieza a resquebrajarse. La visión medieval del mundo, su visión, comienza a caer a pedazos en los siglos catorce y quince. Primero, usted nota ciertas impropiedades por parte de los mismos eclesiásticos: violan secretamente sus votos de castidad, o se toman la libertad de mirar hacia otro lado cuando los representantes del gobierno incumplen las leyes divinas. >>Estas impropiedades le causan a usted considerable alarma, por cuanto los eclesiásticos se tienen a sí mismos por la única conexión entre usted y Dios. Recuerde que son los intérpretes exclusivos de las Escrituras, los únicos árbitros de la salvación que usted aspira. >>De súbito está usted en medio de una rebelión abierta. Un grupo encabezado por Martín Lutero reclama la completa ruptura con la cristiandad papal. Los eclesiásticos son corruptos, dicen, y piden que se ponga fin al reinado de aquellos individuos sobre la mente del pueblo. Se forman nuevas iglesias basadas en idea de que cada persona debería poder acceder por sí misma a las sagradas escrituras e interpretarlas según su deseo, sin intermediarios. >>Mientras usted observa incrédulo lo que ocurre, la rebelión triunfa. Los eclesiásticos empiezan a retroceder. Estos hombres han definido la realidad durante siglos, y ahora, ante sus ojos de espectador, están perdiendo credibilidad. En consecuencia, el mundo entero es puesto en tela de juicio. El nítido consenso sobre la naturaleza del universo y sobre el propósito de la humanidad en este mundo, basado como estaba en la descripción de los eclesiásticos, se derrumba, y les deja a usted y al resto de los seres humanos educados en la cultura occidental en una posición más que precaria. >>Después de todo, usted ha madurado acostumbrándose a la presencia en su vida de una autoridad que definía la realidad constantemente, y sin aquella dirección externa se siente confuso y extraviado. Si la descripción de la realidad y la razón de la existencia humana que le han dado los eclesiásticos son erróneas, se pregunta, ¿qué cosas son las que merecen crédito? Tal colapso ocasionó un tremendo trastorno. Por todas partes se cuestionaba la antigua visión del mundo. De hecho, hacia el 1600 los astrónomos habían demostrado más allá de toda duda que el Sol y las estrellas no giraban en torno a la Tierra, como pretendía la iglesia. Estaba claro que la Tierra era sólo un pequeño planeta en la órbita de un sol menos que pertenecía a una galaxia que contenía miles de millones de soles similares. La humanidad había perdido su lugar privilegiado en el centro del universo de Dios. Ahora, cuando usted observa si hace buen o mal tiempo, si comprueba que sus plantas crecen o se entera de que alguien ha muerto inesperadamente, siente un ansioso desconcierto; en el pasado habría dicho que Dios era el responsable, o quizás el diablo. Pero a medida que el mundo medieval desaparece, aquella certidumbre desaparece con él. Todas las cosas que usted daba por sentadas necesitan nuevas definiciones, y muy especialmente la naturaleza de Dios y la relación de usted con Dios. >>Con esta conciencia comienza la Edad Moderna. Hay un creciente espíritu democrático y una desconfianza masiva en la autoridad del papa y del rey. Las definiciones del universo basadas en la especulación o en la fe en los textos bíblicos ya no son automáticamente aceptadas. A pesar de la falta de certidumbre absoluta, las personas no querían ya arriesgarse a que un nuevo grupo sometiera a control su realidad como lo habían hecho los clérigos. Si usted hubiera estado allí, probablemente habría participado en la elaboración de un nuevo mandato a favor de la ciencia. Usted habría dirigido la mirada a este vasto universo indefinido y habría pensado, como hicieron los demás pensadores de la época, que necesitábamos un método que generase consenso, una manera de explorar sistemáticamente este nuevo mundo que teníamos ante nosotros. Y a esta nueva manera de descubrir la realidad la habrían llamado método científico, que no consiste más que en poner a prueba una idea sobre cómo opera el universo, para llegar después a alguna conclusión y finalmente ofrecer esta conclusión a otros para saber si están de acuerdo con ella. >>Entonces tendrían preparado ya exploradores que saldrían ya a este nuevo universo, provisto cada uno del método científico, y les habrían encomendado una misión histórica: explorar este lugar y descubrir cómo funciona y qué significa el hecho de que nosotros nos encontremos vivos aquí. >>Usted sabe que ha perdido su certeza en un mundo regido por Dios y, a consecuencia de ello, su certeza respecto a la naturaleza del mismo Dios. Pero cree que tiene un método, un proceso basado en el consenso a través del cual podría descubrir la naturaleza de todo cuanto le rodea, incluyendo a Dios e incluyendo el verdadero propósito de la existencia de la humanidad en este planeta. Así que envía a aquellos exploradores a investigar la auténtica naturaleza de nuestra situación y a regresar con sus informaciones. >>En aquel punto comenzó la preocupación de la que ahora estamos despertando. Despachamos a aquellos exploradores para que regresaran con una explicación completa de nuestra existencia, pero debido a la complejidad del universo no les fue posible regresar inmediatamente. Cuando el método científico no pudo devolvernos una nueva imagen de Dios y del propósito que tiene la humanidad en este planeta, la falta de certidumbre y de significado afectó profundamente la cultura occidental. Necesitábamos otra cosa que hacer hasta que obtuvieran respuestas nuestras preguntas. A la larga llegamos a la que parecía ser una solución muy lógica. Nos miramos unos a otros y dijimos: Bien, puesto que nuestros exploradores todavía no han regresado con la verdad sobre nuestra situación espiritual, ¿por qué no nos instalamos en este nuestro nuevo mundo mientras esperamos? Estamos ciertamente aprendiendo lo suficiente para manipular este mundo en nuestro beneficio, así que, ¿por qué no trabajamos mientras tanto para elevar nuestro nivel de vida, la sensación de seguridad que tenemos en este mundo?. Y esto es lo que hicimos. Nos quitamos de encima la sensación de estar aquí perdidos pero haciéndonos sin embargo cargo de las cosas, nos entretuvimos en conquistar la tierra y utilizar sus recursos para mejorar nuestra situación, y sólo ahora, cuando nos acercamos al final del milenio, estamos en condiciones de ver lo que ocurrió. Nuestro planteamiento se convirtió gradualmente en preocupación. Nos extraviamos completamente en la creación de una seguridad laica, una seguridad económica, para reemplazar la seguridad espiritual que habíamos perdido. La incógnita de por qué estábamos vivos, de qué era en realidad lo que espiritualmente estaba pasando aquí, fue lentamente apartada a un lado hasta quedar totalmente reprimida. >>Trabajar para un estilo de supervivencia más confortable ha adquirido creciente importancia, y no sólo ha sido un logro, sino que se ha convertido en una razón de ser. Gradual, metódicamente, hemos olvidado así cuál era nuestro interrogante original Hemos olvidado que todavía no sabemos para qué sobrevivimos. La Segunda Revelación amplía nuestra conciencia del tiempo histórico. Nos muestra cómo observar la cultura no sólo desde la perspectiva del transcurso de nuestras vidas sino desde la perspectiva de un milenio entero. Nos revela nuestra preocupación, y de este modo nos sitúa por encima de ella. Al mirar ahora al mundo, deberíamos ser capaces de distinguir esta vena obsesiva , esta intensa preocupación por el progreso económico. Esta preocupación fue y es un desarrollo necesario, una etapa de la evolución humana. Sin embargo, hemos consumido demasiado tiempo instalándonos en el mundo. Es hora de despertar de la preocupación y reconsiderar la pregunta original. ¿Qué hay detrás de la vida en este planeta? ¿Por qué estamos aquí en realidad? 3ª REVELACIÓN: Una cuestión de energía La tercera revelación describe un nuevo concepto del mundo físico. Los seres humanos aprenderán a lo que anteriormente era un tipo de energía invisible. Tras la caída de la concepción medieval del mundo, los occidentales se dieron cuenta de pronto de que vivían en un universo totalmente desconocido. Al intentar comprender la naturaleza de este universo supieron que de un modo u otro había que separar los hechos de la superstición. A este respecto los científicos asumieron una actitud particular conocida como escepticismo científico, que exige básicamente el soporte de una evidencia sólida para cada nuevo aserto sobre cómo funciona el mundo. Antes de creer en lo que fuere, querían tener la evidencia de que podía ser visto y tocado con las manos. Toda idea que no pudiera demostrarse con medios físicos era sistemáticamente rechazada. Esta actitud rindió excelentes servicios con los fenómenos más obvios de la naturaleza, con objetos tales como rocas, cuerpos y árboles, objetos que cualquiera puede percibir, no importa lo escéptico que sea. Rápidamente ampliaron su campo de trabajo y pusieron nombre a cada porción del mundo físico, intentando siempre descubrir por qué el universo operaba siempre como lo hacía. Finalmente establecieron que todo cuando ocurre en la naturaleza lo hace de acuerdo con alguna ley natural, que cada acontecimiento tiene una causa física directa y comprensible. Decidieron, al igual que los demás, dominar el sitio donde se encontraban (del mismo modo que otras personas de su época). La idea fue crear una comprensión del universo que hiciese que el mundo pareciera seguro y manejable, y la actitud escéptica los mantendría centrados sobre problemas concretos que harían su existencia aparentemente más tranquila y llevadera. Con esa actitud, la ciencia erradicó del mundo todo cuanto era problemático y esotérico. Concluyeron fieles a los pensamientos de Isaac Newton- que el universo operaba siempre de una manera predecible, como una enorme máquina, porque durante mucho tiempo esto fue lo único que de él pudo demostrarse. Las cosas que ocurrían simultáneamente a otros acontecimientos, pero que no tenían con estas relación casual, se consideró que eran debidas exclusivamente al azar. >>Más tarde se produjeron dos investigaciones que volvieron a abrir sus ojos a los misterios del universo. En las últimas décadas se ha descrito copiosamente a propósito de la revolución en las ciencias físicas, pero en realidad los cambios provienen de dos grandes hallazgos: los de la mecánica cuántica y los de Albert Einstein. >>La labor que llenó toda la vida de Einstein fue mostrarnos que lo que percibimos como materia dura es en su mayor parte un espacio vacío por cuyo interior circula una forma de energía. Esto nos incluye a nosotros. Y lo que la física cuántica ha venido a demostrar es que cuando miramos estas formas de energía a niveles cada vez más pequeños, vemos resultados asombrosos. Los experimentos revelan que cuando se separan diminutas porciones de esta energía, las que llaman partículas elementales, y se trata de observar como operan, el acto de la observación por sí mismo altera los resultados; es como si sobre aquellas partículas influyera lo que espera o piensa el experimentador. Es cierto incluso si las partículas deben aparecer en lugares a los que no es posible que lleguen, dadas las leyes del universo tal y como la conocemos: dos lugares distintos en el mismo momento, adelante o atrás en el tiempo. La tercera revelación concluye que el ingrediente básico del universo va pareciéndose más cada día a una energía pura que es maleable a la intención y las expectativas humanas de una manera que desafía el viejo modelo mecanicista del mismo universo, como si nuestras propias expectativas, nuestra esperanza, provocasen que nuestra energía fluyese hacia el mundo y afectase a otros sistemas de energía. La percepción humana de esta energía se inicia por una acusada sensibilidad por la belleza. La concepción de la belleza constituirá una especie de barómetro que indica a cada uno de nosotros lo cerca que está de percibir esta energía. Las cosas que cada uno percibe como bellas pueden ser diferentes unas de otras, pero las verdaderas características que atribuimos a los objetos bellos son similares mayor presencia, mayor nitidez de forma, exhibe más viveza de color, algo que destaca, algo que brilla, algo casi iridiscente comparado con la opacidad de otros objetos menos atractivos, ahí está la clave para percibir la energía, buscando y percibiendo la belleza del entorno. 4ª REVELACIÓN: La pugna por el poder Esta revelación trata de los conflictos. ¿Por qué los individuos se tratan unos a otros con tanta violencia? Siempre hemos sabido que esta violencia procede del impulso que nos lleva a intentar someter y dominar a nuestros semejantes, y al estudiar el fenómeno desde el interior, desde el punto de vista de la conciencia individual, se descubre que cuando un individuo se acerca a otra persona y traba conversación con ella, lo cual ocurre en el mundo millones de veces cada día, pueden suceder dos cosas: que el individuo se aleje sintiéndose fuerte o sintiéndose débil, según lo que haya ocurrido en la interacción. Por esta razón los seres humanos parecen adoptar una actitud manipuladora. No importa cuáles sean las circunstancias de la interacción ni el tema a tratar: nosotros nos preparamos para decir lo que más nos convenga con tal de salirnos con la nuestra en la conversación. Cada uno de nosotros procura hallar una manera de ejercer el control y de este modo dominar el encuentro. Si lo conseguimos, si nuestro punto de vista prevalece, entonces, en lugar de sentirnos débiles, recibimos un refuerzo psicológico. >>Dicho de otra manera, los seres humanos tratan de ser más listos que el prójimo e imponerle su control no sólo en razón de una meta tangible a la que intentan llegar en el mundo exterior, sino por la exaltación que así recibimos psicológicamente. Éste es el motivo de que se vean en el mundo tantos conflictos irracionales, lo mismo a nivel individual que entre las naciones. >>Todas estas materias están emergiendo ahora a la conciencia pública. Los seres humanos se percatan de hasta qué punto se manipulan unos a otros, y en consecuencia están reconsiderando sus motivaciones. Buscan otra manera de interactuar. Esta reconsideración forma parte de la nueva visión del mundo que proporcionan las revelaciones. Cuando dos personas discuten sus energías se empujan mutuamente, como si cada una tratase de capturar la contraria mientras esas personas interactúan. Discuten sobre quién tiene la visión correcta en una determinada situación, sobre cuál de las dos está en lo cierto; cada una quiere triunfar a costa de la otra, incluso llegando al extremo de invadir la confianza en sí misma de la oponente y de recurrir al insulto si es preciso, cuando más a la violencia. El movimiento de esta energía, si podemos observarlo sistemáticamente, es una vía para comprender lo que los seres humanos están recibiendo cuando compiten y discuten y se perjudican unos a otros. Cuando se controla a otro ser humano se recibe su energía, se llena uno a expensas del otro, y es llenarse de esa energía lo que motiva la confrontación. La Tercera Revelación muestra que el mundo físico es en efecto un vasto sistema de energía, y la Cuarta pone en evidencia que durante mucho tiempo los seres humanos han competido inconscientemente por la única parte de esta energía a la que estaban abiertos: la parte que fluye entre las personas. En esto han consistido siempre los conflictos humanos: desde las pequeñas pugnas en familia o en lugares de trabajo hasta las guerras entre naciones. Es el resultado de sentirse inseguro y débil y tener que robar la energía de otros para sentirse bien; y aunque algunas guerras fueron justas, el único motivo de que cualquier disputa no pueda resolverse inmediatamente es que uno de los bandos se aferra a una posición irracional, y esto ocurre por causa de la energía. Comprender la Cuarta Revelación, es poder ver el mundo de los hombres como una vasta competencia por la energía, y en consecuencia por el poder. Sin embargo, una vez los seres humanos comprendan su pugna empezarán a superar esos conflictos. Todos comenzarán a liberarse de la competencia por la mera y estricta energía humana, porque al fin estarán en condiciones de recibirla de otra fuente. 5ª REVELACIÓN: El mensaje de los místicos Esta revelación describe un nuevo concepto de lo que siempre se ha llamado conocimiento místico. Durante las últimas décadas del siglo veinte, este conocimiento se divulgaría como una forma de ser efectivamente asequible, una forma ya demostrada por los más esotéricos practicantes de muchas religiones. Para la mayoría de las personas el conocimiento místico seguiría siendo un concepto intelectual, válido únicamente para comentarlo y debatirlo. Pero para un creciente número de individuos sería una experimentación real, porque tales individuos captarían destellos o ráfagas de aquel estado mental en el transcurso de sus vidas. Esta experiencia es la clave para poner fin a los conflictos humanos en el mundo, pues durante ella se recibe energía de otra fuente: una fuente con la que a la larga se aprendería a conectar a voluntad. Los alimentos son la principal manera de obtener energía, pero con objeto de absorber totalmente esta energía la comida debe ser apreciada, saboreada. El sabor es la puerta de entrada. Hacer del comer una experiencia sagrada es prepararse para aceptar que lo que uno come pueda incorporarse íntegramente al cuerpo, como una absorción superior de los alimentos. Pero comer es solamente el primer paso. Después de que de esta manera haya aumentado la energía personal, uno se vuelve más sensitivo a la energía de todas las cosas, y entonces se aprende a recibir energía sin comer. A través de la respiración puede obtenerse una gran cantidad de esta energía, con respiraciones profundas, retenidas y pausadas. Concentrándose en el proceso de entrada y salida de aire tanto como con el sabor en las comidas. En la inspiración recibimos y en la espiración cedemos, en igual proporción desde una fuente inagotable. Todo lo que nos rodea tiene energía, pero cada cosa la tiene de un género especial. Por ello ciertos lugares aumentan nuestra energía más que otros. Depende de cómo se adapta nuestra forma a la energía que hay allí. Hay que estar abierto, hay que conectar, usando el sentido de la apreciación. Uno da este paso más allá para sentir que se ha llenado completamente. Para tener una experiencia mística son varios pasos los que han de seguirse. Al contemplar, por ejemplo, un árbol silvestre bien desarrollado, podemos ver que es hermoso, debemos sentirlo, conectar con esa belleza, contemplarla como un todo y parte de nuestro ser, hay que sentir amor por él. No es forzar el amor, es permitir que este entre en su ser. Cuando aceptamos este sentimiento recibimos energía, y automáticamente la damos en igual proporción, de manera que nos conectamos a un fluir que nos vigoriza, nos exalta, nos hace sentir plenamente vivos. Una experiencia mística podría describirse como lo siguiente: Usted se sienta próximo a la cumbre de una ladera montañosa. Observa con plenitud toda la cordillera que se expande a su alrededor, lo ve, lo contempla, todo le parece próximo, el escarpado peñasco donde usted se sienta, los grandes árboles de la loma más abajo, y las otras montañas del horizonte. Y mientras contempla el balanceo de las ramas de los árboles con la brisa experimenta no sólo la simple concepción visual de este hecho, sino sobre todo una sensación física, como si las ramas que el viento mueve fueran pelos de su cuerpo. >>Lo percibe todo como si de alguna manera fuese parte suya. Sentado en la cumbre y extendiendo su mirada al paisaje que se despliega en pendiente desde su observatorio, en todas direcciones, siente exactamente como lo que siempre había conocido como su cuerpo físico fuera tan sólo la cabeza de otro cuerpo mucho más grande consistente en todo lo demás que usted alcanza a ver. Experimenta que el universo entero se mira a sí mismo a través de su mirada. >>Esta percepción provoca un destello de recuerdo en sus ojos. Su memoria retrocede en el tiempo, más allá de su infancia y nacimiento. Se da cuenta de que su vida no había comenzado con su concepción y nacimiento en este planeta: comenzó mucho, mucho antes, con la formación del resto de su ser, de su cuerpo físico, el universo mismo. >>Presencia como la primera materia estalla en el universo y se percata de que, como la Tercera Revelación describe, no hay nada en ella auténticamente sólido. La materia es sólo energía que vibra a cierto nivel, y en sus inicios existe únicamente en su forma más simple: el elemento que llamamos hidrógeno.
continua en las nueve revelaciones

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